El libro Algo va mal de Tony
Judt comienza explicando la situación que se da en 1980 donde
los servicios públicos son privatizados con el objetivo de que sean
rentables. En esta época las sociedades comenzaron a ¡tornarse como individualistas
donde importaba más un esfuerzo individual que
colectivo.
Es pertintente plasmar el fragmento del autor que
dice “nosotros sabemos que algo está mal y hay
muchas cosas que no nos gustan´.
En los
primeros capítulos, Judt explica que desde 1980, el Estado que surgió tras la
Gran Depresión se disuelve frente a una oleada de neoliberalismo que privatiza
los servicios públicos al
entender que no son rentables ni eficaces y que es mejor que los regule la
"mano invisible del mercado".
En este punto del libro el autor centra el
problema en que la política ya no se
hará en función de más Estado o más mercado, sino en qué tipo de Estado se quiere,
si muy intervencionista o el actual de bienestar.
También propone las diferencias entre Estados
Unidos, un Estado individualista y con bajos
impuestos, y Europa, socialdemócrata y con impuestos retributivos de la
renta.
Según Judt desde los años 80, las desigualdades
sociales han aumentado debido a esta política más centrada en el esfuerzo
individual que en el colectivo.
En este reumen es importante preguntarnos y
enfatizar en una frase clave del libro: "La nueva
generación siente una honda preocupación por el mundo que va a heredar. Pero
esos temores van acompañados de una sensación general de frustracción: nosotros
sabemos que algo está mal y hay muchas cosas que no nos gustan. Pero ¿en qué
podemos creer, qué debemos hacer?"
Judt dice
que la economía clásica consideraba que el individuo siempre tomaba decisiones
económicas conforme a su interés y que busca la maximización del beneficio,
pero esto lleva a evaluar las decisiones con un vacío moral.
El autor luego habla de los grandes desastres de
l914 a 1945, caracterizados por dos devastadoras guerras, epidemias, dictaduras
o cracks financieros. Dice que en 1945 el principal problema era cómo asegurar
la democracia y evitar que la experiencia se repitiese. Habla de Maynard Keynes
como la persona que más esfuerzos dedicó a ese desafío.
Judt dice que "la seguridad del bienestar
en que se vivía y la futura prosperidad suavizaron las injusticias del
capitalismo". Entre 1945 y 1975 hubo prosperidad, seguridad en el empleo.
Por ejemplo, la clase media recibió educación gratuita, atención médica barata
o gratis, pensiones públicas y seguro de desempleo. Se abrió la élite cultural
a las masas.
Si el estado movilizó a las masas para la guerra
también podía hacerlo para la paz mediante la planificación a través de
incentivos fiscales. Se insistió en que las instituciones resolvían lo que el
mercado no podía hacer o hacían controles de divisas, regulaciones salariales o
precios límite, y se aumentaron los impuestos. Se redistribuyó la riqueza como
algo beneficioso para todos. Pero Judt advierte que esas metas no eran eficaces
y que ponían peligrosamente enormes recursos sociales en manos de políticos y
grandes gobiernos.
Menciona la planificación de las ciudades tras
la posguerra, asi como la destrucción de centros históricos en épocas de la modernidad, sin contar con la opinión de
los ciudadanos.
Judt
menciona a cinco economistas austríacos de la escuela de Chicago de libre
mercado a los que llama Chicago boys.
Entre estos están Von Mises, Hayek, Schumpeter, Karl Popper y Drucker. Todos trataron de explicar en los
años 30 el fin de la izquierda frente a los totalitarismos por la intervención
del estado en la economía. Para ellos, la planificación no tenía sentido porque
se basa en cálculos y predicciones poco realistas.
El autor señala
que la caída del comunismo en 1989 dejó a la socialdemocracia (su discurso era
que ellos estaban a favor de la libertad, igualdad, justicia social y mercados
regulados) sin una doctrina ni narración de democracia.
El problema de los impuestos: tras la llegada
del paro en 1970, los que aún trabajaban tuvieron que pagar más impuestos, lo
que generó quejas. Nadie recordaba por qué se instauró ese sistema tras la Gran
Depresión de 1929.
Judt dice
que la conformidad en las comunidades tiene un precio: no puede responder a los
nuevos desafíos. Estados Unidos se inclinó hacia la conformidad y los que dicen
lo que quieren son marginados o sus palabras silenciadas.
Las economías mixtas hicieron que la generación
más joven diese por sentada la estabilidad y a exigir la eliminacion del
obstaculo de los impuestos, las regulaciones y la interferencia del Estado.
Tras la liberalización de 1980 a 2008, el Estado
vuelve a intervenir pese a que oficialmente se rechaza su progagonismo. El
problema, según dice Judt, es que el Estado genera desconfianza por el daño que
causaron, porque ejerce fuerza frente a la libertad política.
El problema
es que si el estado es débil, intervienen otros jugadores como los monopolios
que se benefician de una economía desregulada y las ganancias están mal
distribuidas.
En el transporte, Judt considera que el Estado
debe dar un servicio aunque sea ineficiente y poco rentable a los más
desfavorecidos como los pueblos apartados de las ruta comerciales.
En el libro el autor dice que mucha gente
prefiere un estado fuerte-autoritario pero estable a uno fallido y que ahora la
socialdemocracia ya no tiene argumentos para captar a sus votantes.
Y finaliza:
"Si pensamos que algo va mal, debemos actuar en congruencia con ese
conocimiento".